jueves, 4 de marzo de 2010

PONENCIA DEL PRESIEDENTE DE COSTA RICA OSCAR ARIAS SÁNCHEZ,PRESENTADA EN LA CUMBRE DE RÍO: REALIZADA EN CANCÚN


PRESIDENTE DE COSTA RICA Y PREMIO NOBEL DE LA PAZ : OSCAR ARIAS SÁNCHEZ



América Latina corre el riesgo de abordar un oxidado vagón al pasado, a las trincheras ideoológicas que dividieron al mundo durante la Guerra Fría.Corre el riesgo de desperdiciar,una vez más, su oportunidad sobre la Tierra,sino logra honrar la deuda con la democracia,con el desarrollo y con la paz de sus pueblos.


Honrar la deuda con la democracia quiere decir mucho más que promulgar constituciones políticas,firmar cartas democráticas o celebrar elecciones periódicas.


Quiere decir construir una institucionalidad confiable, más allá de las enémicas estructuras que actualmente sostienen nuestros aparatos estatales.


Quiere decir garantizar la supremacía de la Ley y la vigencia del Estado de derecho, que algunos insisten en saltar con garrocha.


Quiere decir fortalecer el sistema de pesos y contrpesos profumdamente amenazado por la presencia de gobiernos tentaculares que han han borrado las fronteras entre gobernante,partido y estado.


Quiere dcir asegurar el disfrute de un núcleo duro de derechos y garantías fundamentales, crónicamente vulnerados en buena parte de la región latinoamericana.


Y quiere decir, antes que nada, la utilización del poder político para lograr u mayor desarrollo humano.


No se debe confundir el origen democrático de un régimen con el funcionamiento democrático del Estado.


Hay en nuestra región gobiernos que se valen de los resultados electorales para justificar su deseo de restringir libertades individuales y perseguir a sus adversarios.


Un verdadero demócrata, si no tiene oposición, debe crearla.


Demuestra si poder abriendo hospitales,caminos, y universidades, y no coartando la libertad de opinión y exprsión.


Demuestra su energía combatiendo la pobreza,la ignorancia y la inseguridad ciudadana, y no imperios extranjeros, conspiraciones secretas e invasiones imaginarias.Esta región cansada de promesas huecas y palabras vacías,necesita una legión de estadistas cada vez más tolerantes y no una legión de gobernantes cada vez más autoritarios.


Ojalá nuestros pueblos tengan la sabiduría para elegir gobernantes a quienes no les quede grande la camisa democrática.


Y ojalá sepan elegir gobernantes que honren la deuda con el desarrollo.


Ni el colonialismo español, ni la falta de recursos naturales,ni la hegemonía de Estados Unidos, ni ninguna otra teoría producto de la victimización eterna de América Latina explican el hecho de que nos rehuesemos a aumentar nuestro gasto en innovación, a cobrarles impuestos a los ricos, a graduar profesionales en ingenierías y ciencias axactas, a promover la competencia, a construir infraestructura o a brindar seguridad jurídica a las empresas.Es hora de que cada palo aguante la vela de su propio progreso.


¿Con qué derecho se queja América Latina de las desigualdades que dividen a sus pueblos, si cobra casi la mitad de sus tributos en impuestos directos,y la carga fiscal de algunas naciones en la región apenas alcanza el el diez por ciento del producto bruto interno?


¿Con qué derecho se queja América Latina de su subdesarrollo, si ella la que demuestra una proverbial resistencia al cambio cada vez que se habla de innovación y de adaptación?


¿Con qué derecho se queja América Latina de la falta de empleos de calidad, si es ella la que permite que la escolaridad promedio sea de alrededor de ocho años?


Y sobre todo:


¿Con qué derecho se queja América Latina de su pobreza si gasta al año,casi US$60,000millones en armas y soldados?


La deuda con la paz es la más vergonzosa,porque demuestra la amnesia de una región que alimenta el retorno a una carrera armamentista,dirigida en muchos casos a combatir fantasmas y espejismos.


Demuestra, además la total incapacidad para establecer prioridades para establecer prioridades,una práctica que impide la concreción de una verdadera agenda para el desarrollo.


Hay países que sufren conflictos internos,que pueden justificar un aumento en sus gastos de defensa nacional, pero la gran mayoría de nuestras naciones, un mayor gasto militar es inexcusable ante las necesidades de pueblos cuyos verdaderos enemigos son el hambre,la enfermedad,el analfabetismo,la desigualdad,la criminalidad y la degradación del medio ambiente.


Yo aún creo en América Latina.Confío en que llegará el día en que la democracia,el desarrollo y la paz llenarán las alforjas de nuestros pueblos.Cuán pronto llegue ese día,depende de nosotros mismo.